Un AMPA maneja datos de menores y de sus familias. Esa responsabilidad no debería recaer sobre voluntarios sin formación jurídica.
Nombres de niños, cursos, alergias, personas autorizadas a recogerlos, datos bancarios de las familias. Un AMPA acumula información delicada, y la práctica habitual la reparte en hojas de cálculo por correo, listas en el móvil y carpetas en ordenadores personales.
Nadie lo hace con mala intención: simplemente no hay tiempo ni conocimientos para plantearse cada gesto. Pero cuando la junta cambia, esos datos se quedan repartidos por sitios que ya nadie controla.
Dentro de la plataforma, y no repartidos entre correos, chats y ordenadores personales.
Los permisos por usuario permiten que no todo el mundo acceda a toda la información.
Al cambiar la junta se retira el acceso, sin copias de listados circulando por ahí.
Contamos con departamento legal propio para mantener la plataforma al día de la normativa vigente.
Conviene decirlo claro: la asociación sigue siendo responsable de los datos que trata. Usar una plataforma preparada ayuda mucho, pero no exime al AMPA de recoger los consentimientos, de informar a las familias y de tratar la información con cuidado.
Lo que sí evitamos es que la junta tenga que resolver por su cuenta la parte técnica.
Saca la información sensible de los grupos de WhatsApp y de las hojas de cálculo sueltas.
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